Autor: Bryce Echenique, Alfreso
Formato: 23 x 15 cms.
Páginas: 800
COLECCIÓN DEL RÍO HABLADOR
A lo largo de su carrera literaria, Alfredo Bryce Echenique alternó la escritura de novelas con la de cuentos. Inmerso, como estuvo, en largos ciclos novelísticos, la escritura de cuentos le permitió ampliar su universo temático y la galería de personajes –muchos de ellos inolvidables, como Manolo, Baby Schiaffino, la chica Pazos o Sevilla–, y refinar rasgos estilísticos, como la oralidad y la ironía.
En estos Cuentos completos el lector encontrará relatos impregnados de la nostalgia, el humor y la irreverencia que caracterizan las narraciones de nuestro autor. «Bryce utiliza el espacio de la escritura como dispositivo empatizador: los antihéroes que recorren sus relatos son tan nuestros como suyos, y deseamos tenerlos cerca para consolarlos o, todavía más, para decirles que a nosotros nos pasa lo mismo pero somos incapaces de reconocerlo», señala el especialista Ángel Esteban en el prólogo de este volumen.
Bryce es un cultor deslumbrante del arte del cuento, qué duda cabe. Un storyteller nato, como nos lo refiere en su relato «La esposa del Rey de las Curvas», que puede ser leído como el ars narrandi bryceano. Ángel Esteban sopesa la trascendencia de los cuentos reunidos en este volumen: «De sus más de sesenta relatos, publicados en cinco libros, hay un buen número de piezas maestras que podrían competir, por su calidad, con los textos más reconocidos de sus maestros, como Julio Ramón Ribeyro, Julio Cortázar o Gabriel García Márquez».
«Definitivamente, nos ubicamos entre los que juzgan a Bryce el más grande narrador peruano surgido en el marco generacional de fines de los años 60. Y en esa condición, uno de los mejores escritores hispanoamericanos posteriores al boom. Lo acreditan como tal sus méritos de novelista, sobresalientes ya en Un mundo para Julius, y también sus dotes de cuentista, ampliamente demostradas en Huerto cerrado (1968), La felicidad jaja (1974) y, ahora, Magdalena peruana y otros cuentos (1986) […] La agudeza crítica de Bryce frente a “todas las barreras culturales, raciales, estúpidas, imbéciles” puede constatarse en varias narraciones de Magdalena peruana …, en especial. “Anorexia y tijerita”, donde dinamita el estereotipo sobre la clase ínfima; “En ausencia de los dioses”, donde condena la segregación racial; “Una carta a Martín Romaña”, donde ridiculiza la política nacional; “El Papa Guido sin número”, donde consagra la rebelión desestabilizadora de los valores que educan para un “brillante porvenir”; y “Una tajada de vida”, donde constata el desprecio francés al latinoamericano, afín al que el burgués limeño dedica al “auquénido” serrano».
Ricardo González Vigil, 1986
«Huerto cerrado alberga una familia de cuentos. Todos ellos –los doce que lo integran– tienen un personaje central que se llama Manolo. Protagonista o narrador, figura principal siempre, ese Manolo encarna, pese a algunos indicios que lo identifican de una a otra historia, más que un ser individual y vivo, un conjunto de experiencias comunes a adolescentes y jóvenes de la pequeña burguesía limeña, una materia vívida que oscila entre el amor y la orfandad, como polos sentimentales del descubrimiento de la realidad que tiene lugar conforme se sobrepasa la infancia».
Abelardo Oquendo, 1969
«Huerto cerrado está muy próximo al género novelesco, por contar la historia de un mismo personaje –Manolo— en varias etapas de su vida, vida sólidamente imbricada en un país y una época determinados. Aunque es cierto que el formato del libro presenta cada cuento como unidad, la estructura de la obra impone una lectura correlacionada de esas unidades. En otras palabras, ni cuento ni novela, sino partícipe de ambos géneros, Huerto cerrado puede considerarse ejemplo ilustrativo de la colección integrada de cuentos en sus variedades cíclica y secuencial».
Gabriela Mora, 1992
«A pesar de la insularidad de Sevilla, en su calidad de personaje subalterno en la narrativa de Bryce, las razones económicas de su calvario vital, aunque llevadas al estado límite en “Muerte de Sevilla en Madrid”, constituyen una metáfora de la diáspora de millones de latinoamericanos expulsados de sus realidades originarias. A eso se refiere el autor cuando, al citar palabras de su compatriota Julio Ramón Ribeyro, percibe que la experiencia del exilio le ha servido para conocer su peruanidad».
Óscar López Castaño